Las elefantas Pocha y Guillermina comenzaron el entrenamiento para ser trasladadas al Santuario de Brasil

PROVINCIAL 27 de marzo de 2021
Sin el apoyo logístico y científico de la Fundación Franz Weber (FFW) los traslados al Santuario no serían posibles.
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En el marco del Plan de Derivación de Animales de la Dirección Ecoparque Mendoza, dos elefantas asiáticas (Elephas maximus) se preparan para ir a vivir al Santuario de Elefantes Brasil (SEB), situado en el estado central de Mato Grosso. Las entrenadoras Karissa Reinbold y Chrissy Pratt llegaron desde los Estados Unidos para  participar del proceso en el que la ayuda de Daniel Macari y Esteban Guevara, sus cuidadores del Ecoparque, es clave.

Fueron ellos los que realizaron una recorrida para contarle al Gobernador, Rodolfo Suarez, todos los detalles. Sin el apoyo logístico y científico de la Fundación Franz Weber (FFW) los traslados al Santuario no serían posibles. Los acompañaron la directora del Ecoparque, Mariana Caram; el secretario de Ambiente, Humberto Mingorance; y Leandro Fruitos, representante en la Argentina de la FFW e integrante del Consejo Consultivo del  Ecoparque.

El Gobernador presenció el entrenamiento de Pocha y Guillermina tras la llegada de los contenedores en los que van a viajar al santuario. Explicó que ya “se les está enseñando todo el proceso que van a vivir en cuanto la cuarentena lo permita y se pueda transitar hacia Brasil”.

El mandatario sumó que “es muy interesante ver cómo trabajan estas dos chicas que nos visitan de Estados Unidos y que son especialistas en esta materia”.

También destacó las obras que se están realizando en el Ecoparque, “lugar que vamos a recuperar en parte para poder tratar a todos aquellos animales autóctonos que necesiten intervención sanitaria. Además, habrá un sector con finalidades educativas que tiene que ver con la sustentabilidad del medio ambiente y su cuidado”.

Por su parte, Mariana Caram, detalló que son varias las instituciones de Mendoza que han intervenido en todo el proceso. De esta manera, informó que no se podría “hacer un movimiento de este tipo si no se cuenta con permisos internacionales para el traslado, una autoridad sanitaria como el Senasa, que aprueba el estado de salud de los animales; el Ministerio de Ambiente de la Nación, que nos otorga el permiso de exportación, y las autoridades brasileras, el permiso de importación de los animales”.

“En la provincia trabajamos con la Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial, la Dirección de Recursos Naturales Renovales, y con el Consejo Consultivo del Ecoparque, que está conformado por varias instituciones como universidades y organismo no gubernamentales. Todos ellos aportan desde distintos ángulos y perspectivas para que se pueda lograr el traslado”, aseguró la funcionaria.

Humberto Mingorance indicó que el Santuario se hace cargo de los gastos para trasladar a ambos ejemplares. Sumó que “también nos ofrecen estos contenedores especiales, que son de su propiedad, para concretar la logística de traslado. Todo este financiamiento fue conseguido por el santuario bajo la modalidad de crowdfunding, gracias a la colaboración de personas y asociaciones de todo el mundo que tienen un interés común: el bienestar de estos animales”.

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Guillermina y Pocha serán las primeras en partir

Los cuatro elefantes, que hoy se encuentran en el Ecoparque, tienen historias de vida muy conmovedoras y han mostrado diferentes grados de avances. Guillermina y Pocha serán las primeras en partir al Santuario y se espera que próximamente lo hagan Kenya y Tami.

Pocha llegó en 1982. Venía de Londres y trece años después de su llegada al ex Zoológico de Mendoza quedó embarazada, pero no tuvo un final feliz. Después de 22 meses de gestación nació su primera cría, pero falleció a las pocas horas del parto. Pasaron varios años hasta que la elefanta volvió a intentar la maternidad y se transformara en madre de Guillermina.

En 1984 llegó Tamy, un macho proveniente de un circo, cuyos responsables aprovecharon su paso por Santiago de Chile para entregar el animal ya que no podían dominar su mal carácter. El elefante fue dejado de Mendoza casi como un obsequio. Apenas llegó intentó conquistar a Pocha y como prueba de su hombría se escapó del Zoológico para llamar su atención.

La bastó una de las piruetas que realizaba en el circo para cruzar la alberca y llegar hasta el barrio La Favorita. Él era capaz de hacer una vertical en una mano acrobacia con la que logró escaparse. Fue  necesaria la intervención del personal del circo que lo había entrenado para lograr que Tamy regresara al recinto en donde vivía con Pocha.

Tras la hazaña, la elefanta tuvo que ser trasladada, es que el elefante se mostró muy predispuesto a la reproducción a tal punto que no la dejaba en paz. Así fue como en el año 1998 llegó Guillermina. Esta vez Pocha tuvo un embarazo y un parto normal. Hoy ambas disfrutan de un fuerte vínculo como madre e hija.

Kenya nació en 1981 y llegó del África a Mendoza por canje en 1985. El Zoo alemán “Tierpark Hagenbeck” fue su lugar de nacimiento. Desde su llegada la elefanta presentó problemas en uno de sus colmillos. Una herida crónica la mantiene en tratamiento de su herida para mantener su problema bajo control y con medicamentos.

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El arduo trabajo de Karissa y Chrissy

Karissa Reinbold y Chrissy Pratt son de los Estados Unidos. Ambas están a cargo del arduo trabajo de entrenar a Pocha y Guillermina, junto a sus cuidadores del Ecoparque, para lograr el traslado exitoso de las elefantas al Santuario de Brasil. Además se encargan de los procedimientos médicos necesarios para preparar la cuarentena de ambas.

Reinbold explicó que todo el proceso requiere de “un test de sus trompas para ver si tienen tuberculosis y un análisis de sangre para ver el estado general de salud de las elefantas y para algunos estudios médicos específicos. Después tenemos que ponerles unos microchips, en la parte alta de sus cuellos y ponerles dos vacunas diferentes. Además hay que entrenarlas para que se sientan cómodas a la hora de ingresar a los contenedores en el que serán trasladadas”.

Por su parte, Chrissy recordó que se sumó al proyecto por pedido de Karissa. “Ella necesitaba apoyo y aproveché esta oportunidad. Estoy muy contenta de estar aquí”, recordó tras sostener que fue hace 7 años cuando decidió que quería trabajar con elefantes.

“Comencé a trabajar como consultora haciendo un trabajo similar a lo que hace Karissa. Así, cuando los santuarios buscan maneras más sutiles y más efectivas para entrenar a sus elefantes, entonces yo voy y les enseño estas técnicas de entrenamiento de reafirmación positiva”, agregó Pratt.

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El apoyo de la Fundación Franz Weber

Es de destacar el sólido apoyo técnico que a lo largo de estos cuatro años han prestado la Fundación Franz Weber (FFW) y el santuario para hacer un seguimiento exhaustivo de la situación de los animales, tanto en lo que respecta a su bienestar integral como a su salud física, para prepararlos para su adaptación óptima al nuevo espacio.

En este sentido, Leandro Fruitos, representante en la Argentina de la FFW e integrante del Consejo Consultivo del  Ecoparque, detalló que el rol de la fundación ha sido fundamental en todo este proceso. Posibilitó la firma del convenio de colaboración con el santuario de Brasil, que “no tan solo abarca lo logístico sino también lo científico y que hacen posible que los entrenamientos se hayan efectuado en el Ecoparque para poder hoy concretar el objetivo de la derivación”.

Fruitos destacó “el bioma natural del santuario de Brasil, que colabora en que los elefantes tengan una mejor calidad de vida. Al estar cerca del país, los costos de lo logístico y operativos disminuyen mucho y hacen que estos traslados sean factibles y viables. En particular, el lugar les permite vivir con otros congéneres y formar una manda, que naturalmente es lo que necesitan los elefantes”.

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Un trabajo a conciencia con los elefantes

Las condiciones de cautividad en las que han crecido y se han desarrollado los elefantes en el exzoológico de Mendoza distan ampliamente de los requerimientos mínimos que garantizarían una base de bienestar para ellos.

A pesar de recibir atención veterinaria, los elefantes en cautiverio sufren ampliamente la falta de libertad, movimiento, interacción con congéneres, lo que los hace más propensos a desarrollar obesidad, artritis, problemas en las patas y trastornos reproductivos y psicológicos. Además, pueden desarrollar una variedad de comportamientos anormales, como balanceo estereotípico.

En estos años, la FFW posibilitó la visita de Scott Blais Mendoza para diagramar las tareas in situ necesarias en el acondicionamiento de los animales para el traslado al Santuario. También colaboraron con la visita del veterinario y especialista en cuidado de elefantes asiáticos, Dr. Rinku Gohain, junto a Katherine Blais.

El Ecoparque Mendoza, y por recomendación del santuario, también contrató a los cuidadores de Bioparque La Plata Gabriel Gómez y Andrés Defeis y solicitó los servicios de la especialista en el cuidado de elefantes del Zoológico de San Diego (EEUU), Karissa Reinbold.

El objetivo fue preparar a los animales para que respondan a los requerimientos médicos y de manejo para el traslado al santuario. La FFW solventó los gastos de pasajes, honorarios y estadía de las entrenadoras en nuestra provincia.

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El santuario

SEB es una organización sin fines de lucro que ayuda a transformar las vidas y el futuro de los elefantes cautivos en América del Sur. Su origen se remonta a 2012, a partir de la alianza internacional entre Elephant Voices y Scott Blais, cofundador de The Elephant Sanctuary en Tennessee, EEUU. Esta alianza dio lugar a Global Sanctuary for Elephants, que en 2013 sienta las bases de la Asociación SEB en suelo brasileño.

El santuario obtuvo la habilitación de operación por parte del gobierno brasileño en 2018. Y recientemente certificó estándares de excelencia por parte de The Global Federation of Animal Sanctuaries, convirtiéndose en la única institución latinoamericana con este prestigioso aval.

El santuario presenta un bioma apropiado para la especie, posee recintos completamente naturales disponiendo de matorrales y áreas abiertas cubiertas de vegetación. Cada recinto tiene dimensiones muy amplias (entre 40 y 400 hectáreas cada uno). Allí se les proveen dietas excepcionales a los animales y tienen atención veterinaria de alta calidad durante toda su vida. En los recintos internos la temperatura está controlada en un valor constante todo el año, y los animales tienen libre acceso a ellos.

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